domingo, 24 de octubre de 2021

Poema: "QUE NO MUERA NADA"



Que no muera una oración por no ser formulada
Que no mueran los valores no enseñados.
Los besos, por labios escarlata sellados.
La filosofía y la enseñanza no predicadas.

Que no muera la belleza no contemplada.
Que no muera un alma que ha perecido.
Las melodías, entre acordes enmudecidos.
Las palabras, las frases no pronunciadas.

Que no muera la paz por tormenta estallada.
El pensamiento censurado, atemorizado.
Que no muera la paz por guerra desatada.

Que no muera la noche sin constelación estrellada.
El amor no correspondido. El pensamiento censurado.

Que no muera el día sin su parda alborada.

Durme

 Poema en gallego muy adecuado para un domingo.


Durme o meu amor. Durme plácido.
Coma o paxaro ó cesar o seu cántico.
Durme coma se agardara o seu momento,
Coma as verdes polas agarimadas polo vento.

Pacente, coma o peregrino na súa pausa.
Augas calmas nas que navega a lenta balsa.
Tócanme os seus suspiros con sonoridade.
Remémbrame á verba, serenidade.

Co seu sono máis longo non hai viaxe.
¿Ónde estará agora?¿Ónde, en qué paraxe?
¡Quizáis estará polos mares de occidente!
¡Quizáis chegou ós lindes de oriente!

Abre os ollos cos raios que emanan da fiestra.
Luz da alba, lucero do que o astro sol fai festa.
Coma o recén nado que saúda ó mundo,
Así desperta meu amor do sono máis profundo.

Érguete e esboza un sorriso ó día
e afronta a nova xornada con ledicia.
Érguete, refulxente xoia miña carmesí.
Porque da miña alma estás no meu rubí.

lunes, 18 de octubre de 2021

Dulce y ácida venganza amarga y salada

 

La venganza es dulce.

Sus consecuencias ácidas.

De secas lágrimas saladas

La amargura flota y reluce.

 

Quizás una pantalla

Una imagen en la playa,

Entre arenas

Áridas de tus penas

Lleguen a tu pupila

A tocar tu vida.

 

Sociópata de sangre.

Compartimos mas que madre.

Qué tarde para el desastre.

De tu enlace.

De nuestro lazo.

De mi rechazo.

Se despide sin abrazos

Con la espalda, acaso,

Cicatrizando latigazos.

De puñaladas ciegas.

De verborrea muda.

De saliva que sulfuro.

De aullidos de tu furia.

De tacto duro

A tus dagas indoloras.

lunes, 4 de octubre de 2021

LA NINFA

 El aventurero, rebuscando, sigue y adora la montaña.

La hierba crujir sus pasos entre las fieles copas de árbol.
Y las hojas que al compás del viento entre latidos danzan.
Un día llegó sin pretender llegar a una laguna de cristal azulada.
La más bella ninfa emergió cual espejismo y visión.
No la empañaron rocas batallando con la cascada.
Ni acariciando la tierra , impasibles, las calmadas aguas.
Receló de ella el montañero con actitud defensiva y hostil.
Se dio cuenta de que era el ser del que otros hablaban.
Viajeros que su belleza alababan y los embrujaba.
Una náyade por todos admirada y quien a todos ignoraba.
Pero este montañero despertó su curiosidad.
La ninfa olió tal sentimiento. La ninfa de las tres melodías y caras
En vano desplegaba su embriagador encanto y armas.
Poco a poco se fue haciendo hueco en el corazón
Del montañero, de espaldas ya al sol, hasta vacíar su alma.
Sin voz le hacía señas, melodías y le dedicaba palabras.
El viajero decía pero tres condiciones quiso ponerle:
Garantía y Prudencia. Palabra y Lucha. Libertad y Seguridad.
Pues el montañero no está dispuesto, sin más, renunciar a la montaña.
Cuando un hombre desea a una ninfa hay alocado fanatismo.
Cuando un hombre ama a una ninfa hay pasión alocada.

viernes, 1 de octubre de 2021

En el Agua

En este post dejo otro poema que he escrito hace tiempo:



En las pálidas olas he visto las risas de los envidiosos,
Sus calumnias, sus crueles palabras en lunes azulados.
En lagunas de plata he visto las injusticias del mundo,
Gigantes pisando derechos. Templados martes soleados.
En la cascada torrencial he visto la ignorancia de quien
No quiere creer ni saber. Tétricos miércoles añorados.
En el oasis del desierto he visto la pobreza y el hambre
Encubierta de verdes imaginados y jueves anhelados.
En el hielo he visto derretirse las luchas de quien
No defiende en aquello que cree. Viernes esperados.
En la niebla he visto ahogarse los pensamientos
Que tantos han callado por miedo. Queridos sábados
Y el domingo he visto su mirada.
Reflejada en su mirada vi como el mar recibía al fuego.
Reflejada en sus palabras vi como florecían mil sueños.
Reflejada en su voz vi una ciega, sorda y muda pasión.
Reflejada en una ilusión vi ir y volver a mi corazón.
En sus ojos he visto los cuatro elementos y estaciones.
Los siete días de la semana y los siete pecados capitales.


Marea Negra

 Preséntovos un poema en galego que escribín fai anos sobre o que representa a morte dun dos nosos grandes compañeiros: os animais.



Onte augas claras bañaban as súas nacaradas patas.
Xogaba coas pingas baixo un amencer dourado.
Hoxe chevouno lonxe a escura marea negra.
Marexada azabache, invisible a ollos vivos.
Azabache marexada, a que ao ser vista
Xa non hai volta atrás. E as ánimas se afogan
Nas suas ondas, sen piedade nin compasión.
A miña bestia canina… de bestia, pouco.
As súas cinzas rociarán á herba dun monte
Con vistas a un horizonte onde o mar clarea
Lonxe das tenebras baixo un pálido ceo azul.
E o lembarei na noite, plenilunio como testemuña.
Entre a brétema perecerán os seus valores,
A lealdade e bondade. Desinterado agarimo.
Adéus digno amigo, meu camarada querido.
Ata cedo nun mundo cada vez máis descoñecido.

En cuanto a las personas tóxicas...

 Recupero este poema que se me ha ocurrido dedicado a la gente que no conviene por intentar hacernos daño, en general. Bien sean casos graves o simples personas tóxicas que por diversos motivos como la envidia o el despecho (entre muchos) te quieren hacer sentir peor.


EN CUANTO A LAS PERSONAS TÓXICAS


Mi risa es más fuerte que tus cadenas.
Digo cadenas, oféndete si me rio.
Son amagos de represión vacíos.
Son amagos de miedo que dan pena.

Oh, pobre intento de opresor barato.
Como en una peli de terror de serie B,
de esas que ya nadie quiere ver.
Sigues cayendo tan bajo,
con tus arrebatos tan vanos...

De un cerebro plano.
Sin aspiraciones.
Sin ilusiones.
Para un cabello cano.

Tú envidia 
y tu desidia
a esa, la parca
te hacen cercana.

¿Me importa?
Nada.

Sigue mintiendo.
Sigue creyendo
que tus necias palabras
en mi hacen llagas.

Mientras tanto,
mucho, ¡y cuánto!
Seguiré bailando
con mi cuerpo,
mi espíritu y mis palabras....
Con mis almas hermanas....

martes, 28 de septiembre de 2021

AVE QUE VUELA

 Ave que ve, desde lo lejos, a su amazona mientras sobrevuela

Desde la Galia hasta las aguas plata y los campos trigueños de Grecia.
Con el sol que resplandece, partió la amazona de las tierras de Troya, lejos.
Hasta el anochecer, dejando atrás a sus Aquiles, Ulises y Teseos.

Liberó la amazona de su cruel pastor a los ignorantes borregos,
se volvieron caballos alados con plumaje libre, plateados y esbeltos.
Y creyó ver su locura, su risa, su ingenio. Causa perdida llena de vida.

Incendio sobre las flores, las despojó del humo que brillante cegaba
Su aroma y vista del sol. Florecieron las coloridas rosas más bellas.
Y creyó oír su carácter, su fuerza, su pasión. De la fe ciega garantía.

Devolvió libros y lápices a niños que, sin sustento, mendigaban.
Se alzaron con conocimiento caballeros, reinas, príncipes y damas.
Y creyó oler su inteligencia y agudeza. Lengua sensata y alocada por día.

Recordó cómo llegó a ella y a revivir su helado corazón de granito.
Con sus guiños y palabras en el viento, el ave, como un leve himno.
El ave como espectro, fantasma lejano, con puro sentimiento la guiaba.
Desde el cielo la contemplaba mientras sobre sus andares volaba.

AMAR A LA MÚSICA

 La música, tocando, se siente melancólica.


Agonizan, en el piano, sus melosas melodías

Por un placentero y dulce delirio en sus días,

Desmayándose en violines sus notas acórdicas.



La poesía, recitando, se siente taciturna.

Empalidece, empalagada de suspiros.

Enferma, entregada a ver zafiros,

Brillantes en la constelación nocturna.



La música está enamorada de un fantasma.

Palabras que siente y, luminosas, escucha lejos.

Que encienden su alma, de blanco, tal eco.

Que ve sin ver hasta que se cruzan sus miradas.



La poesía está enamorada de una sombra

Que dirige, pálida cual rayo, palabras sin rumbo

Y alcanzan pirueteando su corazón profundo.

Identificada por ella, intangible, la adora.



La música anhela enredarse

En los labios de la poesía.

La poesía desea, algún día

De la música un abrazo salvaje.



Tan lejos, tan cerca. Sol y luna.

Canciones de palabras más bellas.

Acordes que dan vida a las letras.

Logrando sintonía perfecta. Sin duda.


Despertando entre lirios. Efímero momento.

Inconsciente sueño recordando sueño que ama.

En los lindes de la vigilia, sus letras escribiendo.

Regateando la moral y rehusando la plata.



¡Ay, niña! Así es la música. Es espectro, es sueño.

Con acordes de sentimientos de la vida fantasma.

Así es la poesía. Alas ligeras sorteando truenos.

Persiguiendo suspiros por soleados cielos escarlatas.

LA CASCADA

 Poema en castellano que he escrito originalmente en gallego hace unos años:


Cascada, que se alza en su santuario virgen.
De la furia perdieron el color las aguas,
tan pálidas, tan albinas, tan blancas.
El helado sol las acaricia en su origen
y el verde, en las orillas, se expande cual sonata.

El torrente de la vida fuente
se abre camino en libertad.
Impetuoso, fiero, con peligrosidad.
Con el tiempo en el azúl océano muere.
Mas se reúne con sus vecinos antes.

Naturaleza, ¿por qué estás pálida?
Blanco el cielo, blanca la espuma,
blancos los rayos del sol y de la luna.
Puede que sienta la tristeza de las ánimas
cuando la artifical tormenta las asusta.

Nace y muere en el mar de los libros.
¡Ay, poesía, torrente de las letras!
Surges, cual chispa, en el alma de los poetas.
Nace y queda en el papel, en el pergamino.
¡Ay, literatura, torrente de las palabras!

SONETO A LA LUNA

 Agonizó el día, llegó la luna.

Lucero que suspira por los sueños
en la esencia de las noches de otoño.
Lucero de la noche, noche que hace suya.

Luna llena en la noche más oscura.
No hay faro más luminoso.
Luna nueva, luna azul. Luna a lomo
del caballo de las tinieblas puras.

En el océano rayos de plata,
El búho comienza su canto,
un clavel, en la sombra, agacha.

¡Ay! Luna brillante, luna blanca.
¿Cuál es tu secreto sagrado
que en tu ausencia del día guardas?

PRIMER CAPÍTULO NUEVO PROYECTO "TEN MUCHO CUIDADO CON LO QUE DESEAS"

 

1

2016

Un café extraordinario, una vista preciosa… Helena García se estaba preparando para una visita del equipo de una prestigiosa revista a su mansión de Malibú. Era una manera de seguir impulsando su carrera y fama tras unos meses en los que estuvo desaparecida. No parecía exactamente un trabajo. Lo era. Era modelo. Más que eso. Top model a nivel mundial. Parecía hasta inusual. Era absurdo. La gente se interesaba por todo lo qué comía, por el ejercicio que hacía, por cómo vestía… Tenía siempre respuestas para ellos. Pero ningún secreto en especial. Había sido tocada por una varita mágica hacía exactamente diez años. Como le recordó la llamada. Como no le podía contar a nadie.

Se revolvió en su silla de ambiente mediterráneo en la terraza de su casa que le dejaba ver una pequeña cala del océano pacífico. Sí, sin duda tenía vistas maravillosas. El día era cálido y agradable. Le apetecía dar unos largos en su piscina pero el asunto de la entrevista en su casa la mantuvo ocupada, intentado apartar los pensamientos negativos de su cabeza. Había ordenado a Graciela, su asistenta, que mantuviera presentable la casa.

Recordó la primera llamada, hacía cuatro meses.

Salía de una entrevista en un conocido programa de televisión estadounidense. Lo que en principio había parecido una pregunta inocente se había convertido en condena.

--Hay tanta debilidad en la risa como valentía en el llanto. Alguien que brilla por sí mismo es más grande que quien brilla a causa de los demás –dijo con la mejor de sus perfectas sonrisas a una pregunta que no sabía muy bien como contestar.

El público aplaudía. El presentador la miró de arriba abajo, para luego preguntar:

--Fantástica, Helena. Cuéntanos, ¿cuál crees que es el secreto de la belleza?

--La belleza es actitud.

Había otra pregunta que había contestado en su anterior entrevista. La que en su interior dudaba cómo contestar. ¿Cómo te ves en diez años? Hacía diez años que le habían hecho aquella pregunta. En un contexto muy diferente. Helena contestó: si te lo dijera tendría que matarte.

Era literal.

También recordó la última pregunta de aquella tonta entrevista:

--Dime una mentira.

--He hecho un pacto con el diablo para estar donde estoy.

Tras las risas del público ella sucumbió también a la risa. Una risa histérica ya que no era del todo una mentira.

La segunda llamada llegó al acabar la entrevista. Su asistente le pasó con el número desconocido del que sospechaba sería algún publicista ya que tenía pendientes campañas de marketing de belleza. Antes de poder pronunciar un saludo, escucho la voz de un hombre distorsionada:

--No se cambia de opinión en pleno ascenso.  Diez años.

El interlocutor no colgaba. Helena, empezando a temblar, contestó con aplomo improvisado:

-- No sé con quien ha estado hablando. Ni qué ha leído. Si se trata de mi representante y ha compinchado una entrevista privada conmigo lo despediré.

Colgó lo más serena que sus fuerzas le ofrecían.

Inmediatamente, tiró de la agenda de su móvil y mandó el mismo mensaje a cuatro personas:

--¡¡Está pasando!! Ya he cumplido diez años desde mi promesa. No contestéis. Solo tened cuidado.

Xosé, Coco, Renata, Stella. Les iba genial en sus respectivas carreras. Los cinco de aquel grupo de Barcelona se habían distanciado pero todos eran famosos. Su hermano, un reputado fotógrafo. Una actriz, una editora jefa de una prestigiosa revista francesa y una influencer.

Hicieron un pacto y cumplieron sus sueños. Era hora de pagar el precio.

Helena trató de contactar con el número desconocido sin respuesta. Tras un mes dándole vueltas en su cabeza, le restó importancia al asunto pero contrató guardaespaldas y se encerró con ansiedad en su mansión de Malibú.

A pesar de su miedo.

Era incumplir su promesa. Pero no tenía opción. Ellos eran tan solo un cuento de hadas de su pasado. Se acordó de “Cuento de Navidad” de Charles Dickens. Quizás era un fantasma de su pasado, nada más.

Hasta la segunda llamada. Una voz distorsionada pronunció palabras en otra lengua.

--¿Disculpe? –le preguntó a la voz distorsionada--. ¿Con quién hablo? ¡No pienso ceder a ningún chantaje! Le denunciaré, ¿me oye? Soy una de las modelos mejor pagadas del mundo. La policía irá a por usted.

No hubo respuesta. Temblando, ojeó su redor rozando la paranoia hasta que, tras unos segundos, su interlocutor dijo con voz que rezumaba hostilidad:

--Paga.

Removió un mechón de su larga melena rubia acompasando su respiración con un suspiro que rezumaba nostalgia mientras hacía memoria. Cuatro meses después de la última llamada, se había relajado. Suspiró en la silla de su terraza y repasó todas sus rutinas durante las últimas semanas y quiso preparar  mentalmente las respuestas al equipo de la revista, que llegaría en dos horas.

El miedo seguía impregnado en su ser. Tuvo un deseo infantil de su llamar a su madre. De pequeña, era la única que sabía como apaciguarla, tranquilizarla. Quiso hacer una llamada a su hermano, quien era lo más parecido una madre que teína en aquel momento. No obstante, su hermano estaba metido en lo que ella sospechaba y no quería que peligrase.

Sacudió la cabeza para intentar liberarse de sus pensamientos y se dispuso a arreglarse.

Antes de lo esperado, sonó el telefonillo. Fue corriendo, ya preparada y despegó con brusquedad el auricular.

--Señora, dicen que ya están listos. Cambios de última hora –le apremió la voz de Graciela.

La entrevista llegaba antes de tiempo.

--Sí –se limitó a responder.

Sí. Que mejor manera de hablar por última vez en tu vida. Una palabra positiva. Lo que con todas sus clases de meditación había conseguido. Vestida con un cómodo mono blanco en su enorme y preciosa casa de Malibú, Helena abrió la puerta con una gran sonrisa de dentadura perfecta. Perfecta, como ella.

Se colocó el pelo y esbozó la mejor de sus sonrisas para recibir a sus invitados.

No recordaría nunca nada segundos antes, más que las palabras: “pagas o mueres”, del disparo en la frente, que la mató al instante.

RELATO E-444

 Recuerdo este relato que he escrito hace años:



Algunos dijeron que se había producido una explosión. Otros, que era otro choque más de coches en aquellas casas situadas en los lindes de la carretera. Al día siguiente, todo había quedado claro. Una fiesta que se había ido de las manos tras una rencilla familiar. Si es que los humanos son muy fáciles de engañar. Les das una explicación coherente y, mientras no los incumba, se despreocupan. De momento, a nosotros nos llaman aliens. Como no llamamos la atención más que en sus imaginaciones e historias de libros y películas tampoco se preocupan de nosotros. Inocentes.

Lo que realmente ocurrió aquella noche es que los E-44 irrumpimos en la familia de cuatro miembros de un pueblo remoto de Galicia. Eran idóneos. Un padre empresario, una madre a punto del divorcio que se iba a marchar a trabajar a un hotel de Mallorca, un hijo de dieciocho años recién cumplidos que los humanos llamaban “ni-ni” y una hija, la de mi interés. Se llamaba Verónica. Era la hermana melliza del chico e iba a empezar la carrera de filología hispánica en A Coruña. Claro, tanto personaje que abandona el pueblo solitario era una buena coartada para poder invadir sus cuerpos y alejarse de conocidos que sospechasen de la contaminación.

Verónica era alta y delgada. No sabía sacarse partido aunque no era fea. Lo que no me gustaba era su enorme frente. Yo soy E-444. Los miembros del planeta E estábamos invadiendo ciertos cuerpos humanos para estudiar mejor su raza. Mi sector es, como he mencionado, el E-44. Sí, somos números. No tenemos nombres. A los humanos tampoco debería de extrañarles, ellos también son números. Mira que insisten en poner nombre a todo. En realidad, son un número del documento nacional de identidad, de la seguridad social, del coche… son un número en todas partes. Pero mira que insisten con los nombres.

Mi distrito se dividió según sus coartadas para evitar preguntas innecesarias. Acudí siendo, en ese momento, Verónica, a la universidad de A Coruña. Evité su piso compartido pues no quería estar demasiado cerca de sus compañeras de piso mientras no me habituara a su cuerpo humano. Para nosotros no es problema obtener dinero, aunque no queremos ser ostentosos. Los humanos no paran de complicarse la vida para ganar dinero. Viven en una sociedad curiosa que los obliga a consumir lo que sea y como sea. Compran, venden, beben, comen y más… todo a cambio de dinero. Y, claro, para tener ese dinero las pasan moradas. Hacen lo que sea.

En fin, mi primer paso fue crear de Verónica alguien viable en esa sociedad. El físico parecía ser importante. No tenía gran idea de que cánones guiaban aquel mundo pero me bastó una visita a sus redes de información, que llaman internet, para hacerme una idea. Fui a un sitio llamado peluquería donde pedí extensiones y un alisado con volumen. Asalté tiendas de maquillaje. Hasta la hice adelgazar a base de una dieta baja en carbohidratos que tanto gustan a los humanos. No olvidé comprarle ropa a la moda que la hiciese resaltar, eso también era importante. Así pues, a quince días de empezar la universidad, ya tenía una Verónica atractiva. Esa frente que me gustaba tan poco decidí disimularla con un flequillo.

En esos quince días decidí sumergirme en la red para informarme sobre su ciudad, comunidad autónoma y país. Además, indagué sobre sus contactos y amigos en redes sociales para hacerme una idea de cómo actuaban allí los humanos de su edad. Su cuerpo al principio me parecía un lastre al que tuve que domar. Me pedía alimento. Los E-4 nos alimentamos siempre de lo mismo. Los humanos tienen infinidad de alimentos para elegir y no pueden comer siempre lo mismo, tienen necesidades biológicas de vitaminas, hidratos de carbono, proteínas, grasas y minerales. Tras estudiarme su pirámide alimentaria le elaboré una dieta sana para mantener en buenas condiciones su cuerpo. También procuré darle los tres litros diarios de agua al día como sus instituciones sanitarias recomendaban y aislarla de bebidas nocivas para su cuerpo. Estaba el tema de la higiene y otras necesidades que también procuré satisfacer como las directrices de salud de ese mundo y su propio cuerpo me pedían.

Comencé tranquila el primer día de universidad. La verdad que me pareció sumamente aburrido. Sabía que mi capacidad de E-444 me permitiría aprenderme sus temarios sin apenas esfuerzo. Entonces, me centré en los alumnos y profesores. Decidí hacer pasar a Verónica por una muchacha introvertida pero inteligente. Repito, no quería mezclarme mucho entre humanos hasta acostumbrarme a su cuerpo. No obstante, una joven de pelo largo negro azabache y piel pálida me abordó el primer día.

—Tú no te andas con tonterías, ¿eh?

—Me has pillado —intenté sonar graciosa.

—Soy Elena.

—Verónica.

—Podremos ser amigas.

“Potencialmente cercanas”, pensé.

—¿Por qué no?

Se rio.

A medida que pasaban los días y quería que Verónica tuviera algo parecido a la capacidad intelectual que tenía yo siendo E-444, intenté ponerme al día con las lecturas de la carrera. Tal cosa me sorprendió. Descubrí muchos humanos con gran potencial analítico a lo largo de la historia y con gran talento para jugar con el lenguaje. Poco común para un E-444 pues nosotros, utilizamos el lenguaje para lo justo y necesario de nuestros asuntos. Además, los textos despertaban emociones intensas en el cuerpo humano de Verónica, que ahora era el mío. Narraciones sobre vidas y sociedades humanas que me hacían sentir pena, melancolía, ira, indignación, alegría, conmoción… entre otras sensaciones.

Esa faceta me llevó a leer más y más libros de humanos. Con mi capacidad, podía leer dos libros sin esfuerzo al día. Decidí acudir a ese lugar que los humanos llaman bibliotecas y están cada vez más abandonadas para tener más lecturas y sentir esas emociones que emanaban en Verónica, a la par que disfrutar de sus juegos de estilismos y retórica. Entonces, indagando, me interné en las artes humanas desde mi portátil. Comencé a interesarme por el cine, por las pinturas y esculturas, por la arquitectura, el baile y la música. Los humanos eran hábiles denotando sentimientos desde estas materias. Sentimientos que, hasta el momento, desconocía. Pero había aún más: mensajes, moralejas, críticas… La poesía se tornó como una obsesión intentado descifrar palabras que se juntaban con musicalidad y significado. Unidas por una serie de estilismos y rimas creando algo que tocaba el alma humana.

Los humanos eran pura emoción que un E-4 sólo podría explicar como magnetismos que se unían y chocaban al mismo tiempo creando un espectáculo magistral llamado vida. Y muchos vivían sin vivir. Y los había que vivían hasta consumirse. Y los que vivían sin ser mientras otros eran tan ellos, tan intensamente que cegaban con su luz del alma.

Era curioso como la sociedad los llevaba a una espiral donde si fracasaban en aquel modelo del éxito y trabajo se frustraban y desarrollaban patologías tanto físicas como mentales. Entonces, pensé que había acertado escogiendo el cuerpo de Verónica. Me gustaba su faceta vital y emocional, de momento.

Elena resultó ser una chica sumamente inteligente y rebelde al mismo tiempo. Probé a relacionarme con otros estudiantes pero me di cuenta rápidamente de que algo fallaba. Recelaban de mí. Mostraban miradas temerosas y sus sonrisas, en principio amables, se congelaban cuando empezaba hablar. Fui consciente de que debería aprender a mostrarme más natural. En cambio, Elena, que también tendía a aislarse, me tenía aprecio.

—¿Quieres un cigarrillo? —Preguntó tras acabar la jornada de un martes y nos dirigíamos a la biblioteca para hacer juntas un trabajo en parejas.

—Prefiero no contaminar mis pulmones con nicotina ni ningún tipo de drogas legales —respondí—. Y, menos, ilegales —añadí.

Ella rio tras apurar una calada seguida por una gran humareda.

—Todo mata —respondió simplemente.

“Las probabilidades de la muerte humana son grandes si no tienes un mínimo de precaución entre todos los peligros a lo que expone esta sociedad” pensé corrigiéndome y tomando una pausa antes de decir:

—De algo hay que morir.

Esa frase la había escuchado en una película. Elena me dio su aprobación.

—Debería emborracharte. El jueves hay una manifa feminista por la tarde. ¿Te vienes?

Conocía el movimiento feminista, cosa que me parecía muy arcaica por parte de los humanos. Era raro que tras tantos siglos de desarrollo en todos los ámbitos en la vida humana todavía tuvieran que reafirmar las condiciones de las mujeres. Los E no teníamos diferencias de género. Vaya estupidez.

—No creo que pueda ir —intenté aparentar lamento. De momento, no quería implicarme en asuntos sociales de ese planeta.

—Da igual. Cuando acabe nos vemos y tomamos unas cervezas. ¿Quieres invitar a alguien de clase?

—He observado que en esta primera semana de clase que llevamos todavía no se han formado grupos sólidos de amigos.

Rio.

—Ya claro, chica lista. Tienes razón, como siempre. Habrá que esperar. ¿Tú y yo, entonces?

Acepté.

Durante su “manifa” feminista, decidí acabar yo nuestro trabajo. Tarea fácil. Supuse que le agradaría. Así fue que, en cuanto le mostré el trabajo al llegar a su piso, me anunció que me invitaría a tres cervezas.

—¡Qué jodida! ¡Nadie lo podría hacer mejor! Ya verás cómo nos ponen notaza. Por cierto, ¿Me subes la cremallera del vestido?

Era un vestido largo y negro, su color favorito, que resaltaba su figura delgada y sus ojos claros. Yo llevaba un vestido rojo que resaltaba la figura de Verónica. Intenté poner tacones pero eran demasiado incómodos. Había leído que los tacones habían pasado a ser de un elemento represor para las mujeres en el pasado hasta un accesorio imprescindible de estilo en este nuevo siglo. No me gustaban. A Elena tampoco. Nos decantamos por unas cómodas bailarinas.

Elena me llevó a un bar con gran ambiente entre la decoración y la multitud de gente, casi todos de nuestra edad. La cerveza estaba bien y empecé a notar el hormigueo del alcohol en el cuerpo de Verónica. Me gustó, era muy agradable. Elena soltaba peroratas políticas y feministas que intenté seguir con interés y escucha activa hasta que apareció un chico alto, delgado, de cabello perfectamente peinado y color castaño. Fijó sus ojos negros en mí y sentí algo que no había llegado a sentir hasta el momento. No sé describir esa emoción. Pero era muy bonito.

Rebusqué entre los recuerdos de Verónica, ya que el chico en cuestión no apartaba su mirada de mí y me saludó, saludo que respondí. Resultaba que lo conocía. Se llamaba Alex y habían sido una especie de novios en el instituto del pueblo. A Verónica le gustaba mucho y no pude evitar que la tremenda emoción del corazón de la humana que había invadido me llegase a mí.

—Estás increíble, Verónica. Me costó reconocerte —saludó Alex, muy sonriente.

—Es un pibón, como tú —replicó Elena, ya borracha—. Soy Elena.

Presentaciones hechas, empezamos a hablar. La cerveza me había vuelto más alegre y eso facilitó que no se notase tanto que yo era ahora un E-444. Llegó el punto que la charla desvió en la causa animalista, algo que tanto Alex como Elena compartían y pude mantenerme ausente, escuchando, alegando que me había sentado mal el alcohol.

—Sí que estás borracha. Hablas raro —bromeó Alex.

—Seremos voluntarios contigo en la fundación —culminó Elena, arrastrando las palabras—. Verónica estará encantada.

Soltó una risita.

“Los animales son infravalorados muchas veces por los humanos, incluso explotados. Debo intervenir.” Pensé.

—Sí. Quiero ayudar —respondí hasta que tuvimos que acompañar a Elena hasta su casa.

Alex se ofreció a venir conmigo hasta mi casa. Me opuse pero insistió. Apenas hablamos pero, cuando iba a entrar en el portal, me besó. Fue extraño. Como E-444 nunca lo había hecho. Despertó un torrente emocional tremendo en mí del que me tuve que deshacer despidiéndome.

—No olvido nada de lo que hay entre nosotros, Vero —dijo para marcharse.

Me propuse, antes de quedar con Alex, investigar sobre el amor en la información de la red. Era fascinante la de aproximaciones que existieron a lo largo de la historia e incluso en la actualidad referidas al tema del amor. La literatura se veía adornada con diversidad de puntos de vista. Desde el comienzo de la chispa hasta las dolorosas despedidas. El lado triste y el lado feliz. Multitud de puntos de vista con los que no di llegado a una conclusión clara más allá de lo que sentía realmente el cuerpo humano que había invadido. Yo sentía lo que algunos llamaban “mariposas en el estómago”, junto con una euforia y ansia por ver a Alex, a la par que subía mi lívido.

El amor parecía, a su vez, tener ciencia y no tenerla. Como un arte donde lo racional y lo sentimental se fusionan con fuerza del fuego, del agua, del viento o de la Tierra… elementos humanos. Era algo que sacaba lo mejor y lo peor de la gente. Había que ser valiente si se quería llevar a buen puerto. Como dicen ellos. Estaba en todas partes, hasta las empresas se alimentaban de él para vender más. Donde más me gustaba verlo era en el arte. Ahí se reflejaba su esencia.

Semejaba que a veces, solo desde lo irracional, el ser humano se descubría a sí mismo en su esplendor y en como un E-4 podía ver realmente lo que era un humano en su esencia. En su arte, en sus sueños, en sus emociones. Territorios desconocidos para mí hasta el momento, como E-444.

Elena y yo acudimos puntuales al centro de animales como nuevas voluntarias. Volví a experimentar nuevas emociones desbordantes. Ver animales abandonados y, muchos, muy tristes, hizo despertar en mi la pena, la compasión e incluso la ira y rabia. Por otro lado, era bonito ver como muchos eran adoptados y como jugaba yo a regalar cariño a tantos otros y estas criaturas respondían con puro amor. Me sentía conmovida en todo este ser.

Alex y yo tuvimos varias citas con las que empecé a inquietarme. Al principio se mostraba dispuesto y afable. Poco a poco, su lenguaje no verbal comenzó a cambiar para volverse más distante y defensivo. Sus palabras y sus sonrisas se reducían. Un día tuve que hacérselo ver. Quizás no fueron palabras muy humanas de mi parte. Estábamos en el centro de voluntariado y Elena nos había dejado solos con el pretexto de que debía limpiar a un pequeño bulldog travieso.

—Has cambiado, Verónica. No sé qué te pasa. No te reconozco. Estás más guapa, sí. Pero no eres la chica de la que me enamoré hace unos meses.

Sentí mucho dolor ante sus palabras. Me veía venir lo que iba a ocurrir.

—Puedo cambiar.

—Ese es el problema. Ya has cambiado. No siento nuestra química. No me siento cómodo contigo. No puedo seguir intentando crear contigo una relación.

En ese instante, se apoderó de mí una gran ira. A pesar de que mi mente racional me lo quiso impedir, la rabia me hizo golpear a Alex. Él calló al suelo, gritando. Elena llegó rápido y contempló la estampa. Me agarró del brazo y me arrastró a un vestuario apartado.

—Verónica, no sé qué pasa contigo. No puedes hacer esto. Intentaré hablar con Alex para que no te pase nada. Pero date cuenta de que te van a echar del voluntariado. No puedo seguir cerca de ti si me vas a meter en líos. Estate una semana tranquila ¿Vale? Desconecta de todo… y de mí también. Siento lo vuestro.

Ya en casa, tras haber recorrido el camino como en estado de shock, me derrumbé en la cama y no salí de ella hasta el día siguiente. Evité ir a clase. No quería cruzarme ni con Elena. En mi interior había un gran dolor. Un desborde de emociones. Pena, tristeza, apatía, rabia, culpa, ira. Sentía la pérdida de un novio potencial y de una posible mejor amiga.

Decidí que las emociones humanas eran algo demasiado fuerte para mí. Contacté con los E-44 para abandonar mi cuerpo humano. Me entendieron bien. Crearon una coartada para hacer desaparecer a Verónica de A Coruña antes de ser invadida por otro E-44 de nuevo. Era un cuerpo demasiado idóneo como para desaprovecharlo.

Yo no estaba lista para ser humana. Por lo menos una chica hormonada recién salida de la adolescencia. Volvería a vivir como E-444 y nuestras normas. De momento.