lunes, 11 de septiembre de 2017

En el agua

En las pálidas olas he visto las risas de los envidiosos,
Sus calumnias, sus crueles palabras en lunes azulados.
En lagunas de plata he visto las injusticias del mundo,
Gigantes pisando derechos. Templados martes soleados.
En la cascada torrencial he visto la ignorancia de quien
No quiere creer ni saber. Tétricos miércoles añorados.
En el oasis del desierto he visto la pobreza y el hambre
Encubierta de verdes imaginados y jueves anhelados.
En el hielo he visto derretirse las luchas de quien
No defiende en aquello que cree. Viernes esperados.
En la niebla he visto ahogarse los pensamientos
Que tantos han callado por miedo. Queridos sábados
Y el domingo he visto su mirada.
Reflejada en su mirada vi como el mar recibía al fuego.
Reflejada en sus palabras vi como florecían mil sueños.
Reflejada en su voz vi una ciega, sorda y muda pasión.
Reflejada en una ilusión vi ir y volver a mi corazón.
En sus ojos he visto los cuatro elementos y estaciones.
Los siete días de la semana y los siete pecados capitales.

sábado, 26 de agosto de 2017

Fría, dura e independiete

Ahí va otro de mis poemas incluídos en el libro "Verbas do Corazón". Lo incluyo tanto en castellano como en gallego.

Eres como una mañana de invierno
Con el sol acariciando a la nieve, tierno.
Rayos dorados y calientes y relucientes
Que derriten el frío hielo cuando aparecen.

Pero no pretendas de todo cambiarme.
Pero no quieras que renuncie a mí al enamorarme.
Porque son mármol, zafiro, diamante, granito.
Porque soy dura granizo abrazando a los cultivos.

Eres como el aventurero que encontró la isla solitaria.
Isla del tesoro, remota, apartada, hermosa, agachada.
Contra la tormenta y tempestad hizo suya.
Conquistó su corazón y riqueza. Testigo: la luna.

Pero no pretendas que renuncie mi independencia.
Pero no quieras que abandone a mi conciencia.
Porque soy como el águila que sobrevuela los cielos libre.
Porque soy como la primeriza rosa que en primavera florece.

Quiéreme dura, fuerte, fría, independiente.
Trátame bien, cual aroma de la rosa, y serás mi rey.
Trátame mal, cual espina de la rosa, y huiré.
Y seré más dura, más fuerte, más fría e independiente.

..........................................................................................



Eres coma unha mañá de inverno
Co sol agarimando á neve, tenro.
Raios dourados e quentes e refulxentes
Que derriten o frío xeo cando aparecen.

Pero non pretendas de todo cambiarme.
Pero non queiras que renuncie a min ao namorarme.
Porque son mármore, zafiro, diamante, granito.
Porque son dura saraiba abrazando aos cultivos.

Eres coma o aventureiro que atopou a illa solitaria.
Illa do tesouro, remota, apartada, fermosa, agachada.
Contra a tormenta e tempestade fixo súa.
Conquistou o seu corazón e riqueza. Testigo: a lúa.

Pero non pretendas que renuncie a miña independencia.
Pero non queiras que abandone á miña conciencia.
Porque son coma a aguía que sobrevoa os ceos ceibe.
Porque son coma a primeriza rosa que en primaveira florece.

Quéreme dura, forte, fría, independente.
Trátame ben, cal aroma da rosa, e serás o meu rei.
Trátame mal, cal espiña da rosa, e fuxirei.

E seréis máis dura, máis forte, máis fría e independente.


viernes, 11 de agosto de 2017

Princesa y Bruja

Os invito a que os descarguéis mi novela juvenil en formato e-book "Princesa y Bruja". Decir que es mi primera novela, la comencé a escribir con quince años. El resultado fue un bicho de muchísimas páginas que no es fácil de publicar hoy en día si no es por internet, sobre todo siendo yo autora novel. Es una novela de fantasía, aventuras e intriga y espero que la disfrutéis. Muchas gracias por todas las descargas!! Quedan pocas para las 400!!

https://espanol.free-ebooks.net/ebook/Princesa-y-Bruja

lunes, 8 de mayo de 2017

E-book "Verbas Galegas" disponible gratis en lulu.

Ya disponible mi e-book de poemas en gallego: "Verbas Galegas". Os animo a descargarlo gratis en este enlace: http://www.lulu.com/content/e-book/verbas-galegas/20898327

Feliz semana a todos!!

miércoles, 3 de mayo de 2017

Romance aos soños/ Romance a los sueños




Ahí va otro poema registrado:

Soñando el hombre en esencia vive.
¿Acaso la inocente niña o el
Valiente sus ilusiones eligen?
Sueños de amor, de dinero, salud.
Sueños de justicia y metas que se consiguen.
Sueños de libertad. Sueños.
Sueños que, al vencernos el sueño, existen,
Vívidos de fantasía y deseos.
Sueños que, al vencernos el sueño, persisten;
Tenaces, palpables, fuertes.
Sueños ardientes, apasionados, felices.
Sueños que crean ilusiones con matices.
Ilusiones que inspiran objetivos reales.
Objetivos que derivan en sueños posibles.
Cual estrella polar en el firmamento que guía
A los intrépidos por parajes visibles.
Margarita que florece en primavera
En invierno se habían helado sus raíces.
Hojas perennes de los verdes pinos
Que en otoño fueron impasibles.
Sol radiante que gobierna
Los cielos de verano, hasta los más grises.
Los cultiva y los riega cada día
Con esperanzas fieras de los tigres.
Que no mueran por envidias,
No, que sean fuertes como fusiles.
No dudes, no temas, no flojees,
Pues son oro... ¡son rubíes!
Que sean reales o descabellados
Y cada jornada, sin envite
Un paso más para lograrlos,
Y que vuelen más alto que un águila.
Que lleguen lejos, al Caribe.
Pregunta el hada madrina:
Niña, ¿por qué no te vistes?
Vístete y levántate para
el Mundo comerte y ser libre
Para no lamentarlo al acabar el viaje.
De sueños muertos, lamentos hay miles.
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Soñando o home en esencia vive.

¿Acaso a inocente nena ou

o Valente as súas ilusións elixen?

Soños de amor, de cartos, saúde.

Soños de xustiza e metas que se consiguen.

Soños de liberdade. Soños.

Soños que, ao vencernos o sono, existen,

Vívidos de fantasía e desexos.

Soños que, ao vencer nos ao sono, persisten;

Tenaces, palpables, fortes.

Soños ardentes, apaixonados, felices.

Soños que crean ilusións con matices.

Ilusións que inspiran obxectivos reais.

Obxectivos que derivan en soños posibles.

Cal estrela polar no firmamento que guía

Aos intrépidos por paraxes visibles.

Margarida que florece en primaveira,

No inverno xeáranse as súas raíces.

Follas perennes dos verdes piños

Que en outono foron impasibles.

Sol radiante que goberna

Os ceos de verán, ata os máis grises.

Cultívaos e régaos cada día

Con esperanzas feras dos tigres.

Que non morran por envidias,

Non, que sexan fortes coma fusiles.

Non dubides, non temas, non floxees,

Pois son ouro… ¡son rubíes!

Que sexan reais ou descabelados

E cada xornada, sen envite

Un paso máis para logralos,

E que voen máis alto ca un aguía.

Que cheguen lonxe, ao Caribe.

Pregunta a fada madriña:

Nena, ¿por qué non te vistes?

Vístete e érguete para o

Mundo comerte e ser libre

Para non lamentalo o acabala viaxe.

De soños mortos, lamentos hai miles.

sábado, 4 de marzo de 2017

La maniquí/ A maniquí

Un nuevo poema registrado tanto en castellano como en gallego. Espero que os guste ;)

Maniquí de ojos oscuros
¿por qué lloras sin lágrimas
Como cientos de penas y lástimas?
Ojos que no ven, inmutos.
Eres hermosa, eres esbelta.
¡Tantas muchachas con envidia envenenan!

La maniquí no come ni bebe
Ni duerme ni se mueve ni siente.
A lo mejor, sentimientos afloran breves.
Está prohibido, la maniquí no debe.
Quebrando las reglas, su corazón
De plástico explota, explota la razón.

Reina inmóvil de la belleza.
A nadie le sienta mejor una prenda.
Cumpliendo suda labor está contenta.
Siempre erguida, siempre a la espera
A que se fijen en ella unos ojos vivos.
Mas rápido caerá en el olvido.
Cumpliendo, ¿cuántos años lleva?

Quizás sueña con mover las piernas
Y bailar por la playa en el ocaso,
Con las ondas rozando sus pies pálidos
Y caminar descalza sobre la hierba.
Quizás sueña con tener alas
Y sobrevolar los cielos del verano.

¡Pobre maniquí de tez pálida!
Como margarita de la primavera,
Que se ve despojada de los pétalos, dolida.
Que está presa, que está atrapada
Como el árbol de hoja caduca
Que pierde las hojas al compás de la luna.

Vive la maniquí un sinvivir.
Por la pasarela del escaparate hace posado.
Ser mirado e ignorado.
¿Acaso le tienen que decir
Que aunque de las miradas es blanco
Es por sus ropas, no por su tocado?

Asoma uno lamento, con el fin de sus días.
No vivió, no sintió, no pensó.
Otra su lugar tomó.
Se fió del que otros le prometían.
Tratando siempre de agradar a los demás.
No hay vuelta atrás. Jamás.

.............................

Maniquí de ollos escuros

¿por qué choras sen bágoas

Coma centos de penas e mágoas?

Ollos que non ven, inmutos.

Eres fermosa, eres esbelta.

¡Tantas raparigas te envexan!



A maniquí non come nin bebe

Nin durme nin se move nin sinte.

Se cadra, sentimentos afloran nese intre.

Está prohibido, a maniquí non debe.

Quebrando as regras, o seu corazón

De plástico explota, explota a razón.



Raíña inmóvil da beleza.

A ninguén lle senta mellor unha prenda.

Cumprindo súa labor está contenta.

Sempre erguida, sempre á espera

A que se fixen en ela uns ollos vivos.

Mais rápido caerá no olvido.

Cumprindo, ¿cántos anos leva?



Quizáis soña con movelas pernas

E bailar pola praia no ocaso,

Coas ondas rozando os seus pes pálidos

E camiñar descalza sobre a herba.

Quizáis soña con ter ás

E sobrevoar os ceos do verán.



¡Pobre maniquí de tez pálida!

Coma margarida da primaveira,

Que se ve despoxada dos pétalos, dolida.

Que está presa, que está atrapada

Coma a árbore de folla caduca

Que perde as follas ao compás da lúa.



Vive a maniquí un sinvivir.

Pola pasarela do escaparate fai posado.

Ser mirado e ignorado.

¿Acaso lle teñen que dicir

Que aunque das miradas é branco

É polas súas roupas, non polo seu tocado?



Asoma un lamento, co fin dos seus días.

Non viviu, non sentiu, non pensou.

Outra o seu lugar tomou.

Fiouse do que outros lle prometían.

Tratando sempre de agradar aos demáis.

Non hai volta atrás. Xamáis.


miércoles, 1 de febrero de 2017

Nuevo poema registrado!


La música, tocando, se siente melancólica.

Agonizan, en el piano, sus melosas melodías

Por un placentero y dulce delirio en sus días,

Desmayándose en violines sus notas acórdicas.



La poesía, recitando, se siente taciturna.

Empalidece, empalagada de suspiros.

Enferma, entregada a ver zafiros,

Brillantes en la constelación nocturna.



La música está enamorada de un fantasma.

Palabras que siente y, luminosas, escucha lejos.

Que encienden su alma, de blanco, tal eco.

Que ve sin ver hasta que se cruzan sus miradas.



La poesía está enamorada de una sombra

Que dirige, pálida cual rayo, palabras sin rumbo

Y alcanzan pirueteando su corazón profundo.

Identificada por ella, intangible, la adora.



La música anhela enredarse

En los labios de la poesía.

La poesía desea, algún día

De la música un abrazo salvaje.



Tan lejos, tan cerca. Sol y luna.

Canciones de palabras más bellas.

Acordes que dan vida a las letras.

Logrando sintonía perfecta. Sin duda.


Despertando entre lirios. Efímero momento.

Inconsciente sueño recordando sueño que ama.

En los lindes de la vigilia, sus letras escribiendo.

Regateando la moral y rehusando la plata.



¡Ay, niña! Así es la música. Es espectro, es sueño.

Con acordes de sentimientos de la vida fantasma.

Así es la poesía. Alas ligeras sorteando truenos.

Persiguiendo suspiros por soleados cielos escarlatas.


lunes, 23 de enero de 2017

Nuevo poema!

¿Es cobardía no seguir tus sueños?
¿Es cobardía no ser fiel a un mismo?
¿No hablar, callar, el silencio elegir?
¿Es cobardía no buscar corazón sin dueño?
¿No replicar a las palabras del destino sin nuestros acentos?
¿No hacer lo que gusta para vivir?

¿Es valentía hacer lo que guste a los demás?
¿Es valentía escoger el camino por otros acordado?
¿Ser en toda rama del árbol del éxito el mejor?
¿Es valentía aplastar a nuestros hermanos sin más?
¿Resignarse, no levantarse, aceptar el dado?
¿La lucha individual, y no el bien mayor?

Gente de la noche


Fuegos artificiales. Aitor nunca entendió el porqué de tanta expectación. . Los dos amigos con los que había venido se encontraban en una atracción, cosa que no iba con Aitor. De hecho, parecía que esa verbena no iba con él. Sus lugares habituales eran los pubs, las discotecas e incluso los garitos pijos que se estaban poniendo tanto de moda en la ciudad.

Le quedaban un par de minutos que matar antes de que diera el momento de reencontrarse con sus colegas pero en lugar de en los fuegos que estaban atronando sus oídos, reparó en una joven de cabello moreno con volumen que, al igual que él, los ignoraba. Tenía el ceño de sus afilados rasgos fruncido con la vista fija en un libro. Decidió acercarse a ella, pues le parecía más fascinante que el espectáculo de luces del cielo nocturno. Esa mujer podría convertirse en una pieza más de su larga lista en el juego del amor.

—He leído ese libro.

—Voy por la cuarta página. Parece aburrido —contestó ella sin apenas alzar la vista de las líneas que estaba leyendo.

—Mejora —Aitor correspondió a su alarde de amabilidad con la mejor de sus sonrisas.

—¿Y es interesante?

—No tanto como tú.

Edurne alzó la vista de su libro, intrigada por aquel extraño que había llamado su atención. Sin reparo, paseando los ojos por toda su apariencia. Ella era del pueblo y había pasado un aburrido día de reunión con su familia en la fiesta, entre conversaciones de niños y bodas de la que no paraban de caerle indirectas. Harta, decidió que su familia se acercase sin ella al meollo de los fuegos y buscar un poco de tranquilidad leyendo, a pesar del alboroto festivo. Pensó que ese hombre llamado Aitor con maneras de caballero misterioso podría ser un error más de su currículum de exnovios y examantes.

Fue parca la conversación inicial pero Aitor recordó las palabras de su padre, ya encorvado por los años, de que algún día llegaría la mujer que le haría plantearse su vida tal y como la conocía.

Lo que surgió entre ellos en cuanto se dieron dos modestos besos en la mejilla era más grande que sus miedos o deseos. Unión, lazo, pasión… Tiene muchos nombres. Tras escasas palabras, Edurne cerró su libro y siguió cogiendo la áspera mano de Aitor y se sentaron en una terraza bohemia con muebles de mimbre marrón cercana a la orquesta de las fiestas. Nadie preguntaría por ellos. La familia de Edurne daría por sentado que se había ido al chalet familiar de las afueras del pueblo y los amigos de Aitor, darían por sentado lo que ocurría, ya que siempre ocurría: Aitor ya habría encontrado a alguna chica. Solo que esta chica no era como las demás para él, ni él era como los demás para ella.

Dedicaron la noche entera a conocerse. A Edurne la forma de actuar de Aitor le parecía un reflejo de ella misma. Un depredador. Seguro, erguido, zalamero e incluso inquietante. Pues bien, ella también era una depredadora. Así que decidió comenzar la actuación de la que rápido olvidaría el guion. Pensó que había llegado el hombre capaz de tocar el escudo de su corazón. Se fascinaban, se adoraban desde el primer segundo. Ambos eran personas de la fiesta y la noche.

Hay noches de borrachera que unen más que meses de amistad. Cosa que les ocurrió a ellos charlando en una terraza llena de alboroto y acompañada por pasodobles provenientes de la verbena. Bebían con la embriaguez suficiente para notarse por los aires pero lo justo para recordarlo todo al día siguiente. Su conversación se asemejaba a un juego de póker o a una partida de ajedrez, con jugadas y ases bajo la manga de la que, sin empatar, ambos salieron ganadores. El premio era el otro.

 Cuando el amanecer ya se acercaba se propusieron perfilar una vida juntos. Él seguiría dando clases de francés particulares mientras se abría camino en el mundo de la escritura. En cambio, ella intentaría buscar trabajo como física. Edurne, como mujer de números que era encontraba fascinante la pasión de Aitor por las letras.

—Una cosa que encuentro excitante de escribir es decidir más vidas que la mía— confesó Aitor en un halo de misterio.

—Te gusta jugar a ser dios.

—Creía que era a eso a lo que os dedicabais los físicos—. Edurne no respondió y se metió una aceituna en la boca para amortiguar el silencio. Hay silencios que hablan. Aitor puso su palma sobre la palma de ella—. Si fuéramos física, seríamos la ecuación con más elementos y más complicada de todas.

—Al fin y al cabo, el amor es sólo química. Y nuestra química es más explosiva que los fuegos artificiales —sentenció ella y apuró un trago de su cóctel.

Hay algo bello en contemplar la destrucción, como cuando la madera arde en la hoguera. Había llegado el ocaso de sus vidas tal y como la conocían para renacer como el fénix de sus cenizas o los árboles que pierden sus hojas para volver a recuperarlas tras el gélido invierno y la llegada de la primavera y comenzar otra nueva. Esa noche sus miradas color gris y color chocolate se encontraron y se dieron cuenta que estaban perdidos. Edurne pensó que ya no existía su pasado, pues nunca podría volver a él por mucho que lo desease a cambiarlo. Importaba el ahora. Pero él sí pensaba en un futuro en el que despertarse besando, con el sonido del despertador, esos finos labios. Ya no pertenecían a la noche, se pertenecían el uno al otro.

Quizás fue el destino o quizás debía ocurrir sin que la mano de la fortuna interviniese. Enterraron sus armas de la guerra de la noche de fiesta. Aitor, su gomina y su cartera con la que invitar a copas a sus posibles víctimas. Edurne, su pintalabios carmín y sus tacones de aguja, la mayoría de las veces color negro. Él quiso dejar atrás las noches en que tanto rubias, como morenas, pelirrojas subían a su segundo piso sin ascensor, armando ruido con sus pisadas ebrias por las escaleras. Ella, renunció a sus despertares en pisos de hombres desconocidos en un amanecer con cierto olor a hábitat extraño y cigarrillos consumiéndose en un cenicero al lado de una cama que no conocía para luego desaparecer en un halo de misterio despidiéndose de un pretendiente que nunca más volvería a ver. Rostros que no recuerdan, teléfonos borrados de la sim de su teléfono móvil. Almas por y para la fiesta. Atrás dejaron los remordimientos de haberse pasado tras una noche loca. Atrás quedan las bebidas sin control. Dos almas perdidas que se encuentran. Ella fría como un iceberg, él caliente como el sol. Hielo y llamas que se juntan. Ángeles caídos que se encuentran y deciden ascender juntos al cielo como salvación.

Así empezó su amor. Gente de la noche, olvidaos de ellos.

domingo, 15 de enero de 2017

Los sueños ajenos

Ahí va otro de mis relatos:
Beltrán leyó la carta con gran consternación. ¿Por qué el afamado burgués Antonio Ramírez querría verlo?

Beltrán se encontraba en un barco cargado de otros delincuentes como él. Se había ganado el pasaje tras haber robado una raída camiseta en un mercadillo. No sentía remordimientos. La vida lo había acostumbrado a aquellos actos pero solamente aquella vez le había salido tan caro.

Sujetaba la elaborada carta del burgués mientras oteaba el horizonte. El ocaso reinaba en el paisaje dejando detrás de sí un cielo color carmín mientras que el sol, astro de fuego, se escondía dejando paso a la oscura noche. Ya era visible el pueblo de Alcenova, lugar dónde ingresaría en prisión. Y el mar se mecía en el puerto punteado de barcos que resbalaban hacia la costa.

Mientras que el resto de los pasajeros del barco desviaban la mirada del pueblo porque éste sería el lugar de su condena, Beltrán no cesaba de mirarlo con ganas de llegar mientras pensaba. El burgués lo había citado en la taberna más concurrida del lugar aquella misma noche. Sabía que tenía tiempo de hacer una ligera escapada para averiguar qué era lo que aquel rico hombre querría de él. Al fin y al cabo, el burgués mismo se había puesto en contacto con los guardias que lo custodiaban para que dejasen a Beltrán acudir a la misteriosa cita. Y, a pesar de que Beltrán agradecía esa efímera libertad, no dejaba de preguntarse qué pretendía Antonio Ramírez.



Al caer la noche ya se encontraba sentado en una mesa de la concurrida taberna. Las camareras se movían como bailarinas y sonreían al pasar. El inconfundible olor a alcohol impregnaba el aire. El guardia supervisor estaba a su lado, mientras bebía una cerveza que le chorreaba por la copiosa barba. Beltrán no bebía nada. De hecho, no tenía ni dinero.

Tras media hora de espera, Antonio Ramírez hizo aparición. Iba discretamente vestido, quizás para no llamar la atención y con un aspecto impecable que transmitía un aura misteriosa y enigmática con cada gesto. Recorrió con la mirada el lugar y su vista se detuvo en Beltrán y su guardián. Inmediatamente se acercó hasta ellos, sonriendo amablemente, y se sentó en frente de Beltrán.

—Me gustaría que pudiésemos charlar a solas –dijo con voz queda pero mirando con ojos intimidantes al guardia que custodiaba a Beltrán. Parecía que éste quería replicar, titubeante entre míralo a él o a las esposas que llevaba en las manos. Pero, tras hacer unas muecas, se levantó dejando solos a aquella extraña pareja—. Debes tener muchas preguntas, Beltrán. Pero iré al grano, ya que sé que ahora el hombre que te custodiaba debe estar discutiendo con su supervisor y en breves vendrán a buscarte, dado que no se fían de ti y a mí me deben tomar por loco por haber exigido una cita contigo.

—¿Qué quieres? –preguntó Beltrán con gesto desafiante. Sus ojos se encontraron con unos ojos negros y profundos tras una maraña de pelo rizado bien domado y peinado. No le intimidaba el burgués y quería demostrarlo. Antonio Ramírez sonrió condescendiente.

—¿Sabías que si tenemos un sueño con gran intensidad; queremos seguirlo, lograrlo y luchar por él; pero si tomamos el camino equivocado ese sueño será cumplido por otra persona?

Beltrán no supo qué contestar. Decidió que aquel hombre estaba loco.

—No sé de qué me hablas –contestó secamente.

—¿Eras sastre de pequeño? –preguntó el burgués, sin inmutarse.

—¿Cómo lo sabes? ¿Lo has averiguado al igual que has averiguado mi paradero?

Antonio Ramírez negó con la cabeza.

—Beltrán, yo he cumplido tu sueño—. Beltrán permaneció unos instantes como absorto en sus pensamientos. Decididamente, el burgués estaba loco. Al ver que Beltrán no articulaba palabra, Antonio Ramírez añadió—: ¿No ha sido desde siempre mi vida tu sueño? Es decir, poseer un imperio en el mercado textil.

Beltrán bajó la mirada. Lo que decía el burgués tenía sentido. Claro que ese siempre había sido su sueño. De hecho, desde pequeño cuando su madre le había enseñado a coser.

—Lo sigue siendo –respondió finalmente Beltrán—. ¿Pero qué me quieres decir con ello?

El burgués tomó aire.

—Hace poco, yo mismo impresionado por mi propia fortuna, acudí a una afamada bruja. Ella me dijo que yo estaba cumpliendo el sueño de otra persona. También me dijo que seguramente esa otra persona estaba realizando acciones deshonestas y malvadas y que, por eso, no cumplía su sueño y el sueño había recaído en mí. Pagándole una buena suma, la bruja accedió a realizar un conjuro para averiguar quién era esa persona… y esa persona resultaste ser tú. Quería verte y recompensarte pues me siento inmensamente agradecido.

—¿Acciones deshonestas? Qué fácil es para ti decirlo que no te falta de nada. Para mí la vida nunca ha sido fácil. Nunca he tenido dinero y me he visto obligado a robar o amenazar para poder sobrevivir.

—Lo entiendo –terció el burgués sin impresionarse—. No soy yo quién para juzgar a nadie y menos a mi benefactor. Por lo tanto, quiero compensarte. Quiero que cumplas mi sueño.

Antonio Ramírez sacó un colgante de plata con una piedra blanca de su bolsillo y se lo tendió a Beltrán.

—Si te pones esto, cumplirás mi sueño.

Justo en aquel instante, regresó el guardia que supervisaba a Beltrán con un fornido hombre que semejaba ser un matón. Beltrán agarró el colgante, intrigado, y se marchó con sus captores.

Beltrán pasó toda la noche pensativo, debido al encuentro con el famoso burgués. Lo que afirmaba aquel hombre parecía una locura, no obstante, había adivinado demasiado como para no darle crédito.

Y la mañana amaneció con una gran noticia en el ambiente un tanto fúnebre del calabozo. El guardia informó a Beltrán de que estaba libre, alguien había pagado su fianza. Las sonrisas frívolas de los carceleros eran un tanto halagüeñas pero no mentían. Beltrán no tuvo duda de que había sido asunto de Antonio Ramírez. Así pues, con ánimos renovados, se colocó el colgante y salió para inspeccionar la ciudad y comprobar si se cumpliría aquel sueño prometido.

La libertad hizo ver con nuevos ojos a Beltrán lo que le rodeaba. Sobre todo cuando la vio a “ella” y chocó con “ella”. Era una joven de cabello y ojos oscuros que a Beltrán se le antojaba como la imagen de un ser divino bajo los rayos del sol matutino. Después de palabras torpes, al principio, no se sentía capaz de vocalizar sonidos con sentido. Pero ella lo miraba con aire paciente y finalmente estuvieron juntos charlando toda la mañana. Su nombre era María y, curiosamente, vendía ropa. Beltrán sintió que se había enamorado y, cuando María marchó para entrar de nuevo en su trabajo, juró a sí mismo que no se iría nunca de Alcenova para poder estar siempre con ella.

Sin embargo, durante el resto del día no sintió que se hubiera cumplido su sueño. Aun así, se sentía en deuda con el burgués por haber pagado su fianza y porque además, si no fuera por ese hecho nunca habría conocido a María. Beltrán decidió probar suerte en la misma taberna de la noche anterior para localizar al burgués.

Por sorpresa, el burgués se hallaba de nuevo sentado en la misma mesa que habían ocupado el día anterior ojeando un libro. Beltrán se acercó decidido y se sentó esbozando una sonrisa. Apuró de un trago la jarra chorreante de cerveza que ya había sido pedida en su nombre.

—Gracias –dijo sin saludar. Se desplomó un espeso silencio.

Antonio Ramírez lo miró fijamente.

—¿Y bien? ¿Has cumplido mi sueño? Pues la libertad que decidí pagarte era para que cumplieses mi sueño.

—No soy más rico –contestó Beltrán. Pero el burgués no le permitió terminar de hablar.

—Pero has conocido al amor de tu vida –terció con voz queda—. Ese era mi sueño. Sólo podías cumplir mi verdadero sueño, o al menos eso es lo que me ha dicho la bruja. Pero debes saber que el amor hará que quieras superarte y te dará apoyo en los momentos más difíciles. Por lo cual, si sigues una vida de rectitud y lejos de acciones deshonestas vivirás mi sueño y el tuyo juntos. Además, para ayudarte más, siempre y cuando prometas no fallarme, te daré un puesto en mi empresa.

Su tono daba a entender que hablaba en serio y los pensamientos del reciente afortunado joven parecían palabras banales para poder contestarle. Desangrada su alma por tantas fechorías llegaba el tiempo de curarla. Beltrán sonrió por el cambio que la fortuna había hecho en su vida en tan poco tiempo y estrechó la mano del burgués con decisión.
                      

jueves, 5 de enero de 2017

Poema a la naturaleza

No hay obra de arte más hermosa.
Ni escultura de mejor técnica,
Ni más colosal maravilla arquitectónica,
Ni pintura más asombrosa.

No hay maestro de los artistas mayor.
Ni música más sonora y emotiva,
Ni danza más atrevida y movida,
Ni libro ni película que toquen corazón.

Le dedicaré los versos más luminosos
En sus anaranjados amaneceres en la playa,
En las rojas amapolas, que mecen las hadas
En el sol que juega con la llovizna en los bosques frondosos.

Le dedicaré los versos más oscuros
En las noches con lagunas de plata.
Por la luna  y su infinidad reflejada.
En las cavernas tan impenetrables sus muros.

Naturaleza, eres fuerte y extraña.
Siempre te necesitaremos, menos con los años.
Un día nos sonríes, un día nos destrozas.
Como niña consentida, tu carácter cambia.

martes, 13 de diciembre de 2016

A Fervenza


Fervenza, que se alza no seu santuario virxe.

Da furia perderon a cor as augas,

tan pálidas, tan albinas, tan brancas.

O xeado sol as agarima na súa orixe

e o verde, nas beiras, expándese cal sonata.



O torrente da vida fonte

ábrese camiño en liberdade.

Impetuoso, fero, con perigosidade.

Co tempo no azúl océano morre.

Mais reúnese cos seus veciños antes.



Natureza, ¿por qué estás pálida?

Branco o ceo, branca a espuma,

brancos os raios do sol e da lúa.

Pode que sinta a tristura das ánimas

cando a artifical tormenta as asusta.



Nace e morre no mar dos libros.

¡Ai, poesía, torrente das letras!

Xordes, cal chispa, na alma dos poetas.

Nace e queda no papel, no pergamiño.

¡Ai, literatura, torrente das verbas!


Cascada, que se alza en su santuario virgen.
De la furia perdieron el color las aguas,
tan pálidas, tan albinas, tan blancas.
El helado sol las acaricia en su origen
y el verde, en las orillas, se expande cual sonata.

El torrente de la vida fuente
se abre camino en libertad.
Impetuoso, fiero, con peligrosidad.
Con el tiempo en el azúl océano muere.
Mas se reúne con sus vecinos antes.

Naturaleza, ¿por qué estás pálida?
Blanco el cielo, blanca la espuma,
blancos los rayos del sol y de la luna.
Puede que sienta la tristeza de las ánimas
cuando la artifical tormenta las asusta.

Nace y muere en el mar de los libros.
¡Ay, poesía, torrente de las letras!
Surges, cual chispa, en el alma de los poetas.
Nace y queda en el papel, en el pergamino.
¡Ay, literatura, torrente de las palabras!

domingo, 20 de noviembre de 2016

La Biblioteca

Ahí va otro poema:

La Biblioteca

Paraíso divino para unos pocos,
bastión de la palabra de los muertos.
Desierto de árido polvo y ceniza,
lugar donde los libros habitan.
Terreno de la fantasía sin dueño,
rosa que florece primaveriza.

Por la esperanza crecen lirios,
regados por ella, amarillos y vivos.
Incansable sueño que nunca finaliza,
e inmediatamente otro comienza.
Surgen las palabras en la biblioteca.
En los libros el alma no se mata.

Olvidada, la palabra de los muertos
espera a alguien agasajar los ojos.
Olvidada, la palabra de los vivos,
espera, pacente, al ávido lector
y compartir su imaginación.
Rosa que se agita ante un suspiro.

Templo de magia ancestral,
que es eterno, que es colosal.
Música que se toca y se siente,
que no suena, que no oímos;
palabra silenciosa, eco frío.
Hablan personas que están ausentes.

¿Quién será el flamante afortunado?
¿Quién será el triunfante agraciado?
De una nueva aventura vivir,
(flores coloridas, joyas de oro,
como tales los libros son tesoro),
de nuevas emociones, sentir.

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A Biblioteca

Paraíso divino para uns poucos,

bastión da palabra dos mortos.

Deserto de árido po e cinza,

lugar onde os libros habitan.

Terreo da fantasía sen dono,

rosa que florece primaveriza.



Pola esperanza medran lirios,

regados por ela, amarelos e vivos.

Incansable soño que nunca remata,

e inmediatamente outro comeza.

Xorden as verbas na biblioteca.

Nos libros a alma non se mata.



Esquecida, a palabra dos mortos

agarda a alguén agasallar os ollos.

Esquecida, a palabra dos vivos,

agarda, pacente, ao ávido lector

e compartir a súa imaxinación.

Rosa que se axita ante un suspiro.



Templo de maxia ancestral,

que é eterno, que é colosal.

Música que se toca e se sente,

que non soa, que non oímos;

verba silenciosa, eco frío.

Falan persoas que están ausentes.





¿Quén será o flamante afortunado?

¿Quén será o triunfante agraciado?

Dunha nova aventura vivir,

(flores coloridas, xoias de ouro,

coma tales os libros son tesouro),

de novos sentimentos, sentir.